• Miércoles Santo 2016



    Cuenca. Iglesia de San Esteban; 18.50 horas en el reloj; afloran los sentimientos y emociones; todo está preparado, es Miércoles Santo.

    Un año más, las túnicas esperan impacientes el momento de salir a la calle. Llevan ya tiempo dejando su olor a paño preparadas para el gran día, en una semana cincelada a fuerza de tradiciones, en la que nuestro calendario nos indica que se acerca la noche de traición. Este temprano 2016 nos ha hecho trabajar a contrarreloj para que el desfile tuviera el lucimiento que se merece y así ha sido.

    El templo, como ya es costumbre, se encontraba abarrotado de gente. Nazarenos y familiares se preparaban para el desfile mientras el párroco nos guiaba en una oración que aunque breve y sencilla, nos preparaba el espíritu para lo que está por venir. Los banceros se encuentran preparados y tallados, y tras inmortalizar los rostros de los portadores en el altar, esperan el momento de la salida, muchos de ellos abrazando el madero que esta noche será su compañero de viaje hasta que caiga la noche y nos alcance la madrugada.

    Al primer redoble de tambor el barullo se hace presente. La iglesia empieza a vaciarse y tras salir la primera imagen, El Prendimiento aguarda su momento. Todo está preparado. Con los últimos rayos de sol de este primaveral día estamos en la calle. Suenan Himnos de honores para la procesión. Ahora sí empieza nuestra estación de penitencia.

    Con el guión abriendo paso, este año hemos podido apreciar la buena cantera que tenemos, cada vez más numerosa y con unos niños que año tras año van siendo no sólo hermanos, sino amigos, gracias a las jornadas de convivencia y que hacen que nuestro desfile se engrandezca por lo que ellos mismos son: el presente y el futuro del legado que nos han dejado.

    Horquillas

    Pocos son los nazarenos que van mirando hacia delante. El Beso está andando. Las túnicas blancas se balancean uniformes. Redoble de tambor... "Salve Maestro y le besó" Y así, sonando la marcha dedicada a nuestra Hermandad, empezó el desfile.

    Por las calles de Aguirre y Las torres como siempre, fue numeroso el público que nos acompañó. La Puerta de Valencia de igual modo, estaba repleta de gente que no quería dejar de ver el inicio de la subida a la parte alta. Y así, poco a poco, se subió la cuesta de las Infantas; la primera cuesta que como bien indica su nombre hace que los banceros se templen y donde empiezan a tomar conciencia del camino que les queda. Se tomaron las curvas de botes y se acompañó a la Madre en la plaza del Salvador minutos antes de su incorporación al desfile, en una plaza rebosante de hermanos y espectadores.

    Subimos la calle solera a golpe de horquilla encaminandonos hacia el Peso. Y aquí fue donde este año se paró el Reloj. "MATER MEA" en la noche de capuces blancos. Mater Mea para una calle de recogimiento y maniobras. Banceros a hombro cambiado para regalarnos la emoción de ser hermanos del Prendimiento.

    Y tras este breve respiro cargado de emociones la procesión se encaró hacia Andrés de Cabrera, otra cuesta de la que parece que hay que volver a arrancar. Fueron largas las tiradas hasta pasar los Oblatos, mientras la Banda de Horcajo no dejó de tocar Banceros al son de Costalero por Alfonso VIII. Poco a poco nos acercábamos a la Plaza Mayor. Bajo las notas de la Saeta, se entró en la Anteplaza y los arcos y tras pasar estos, se dejaron de oír la notas... el bullicio se hizo presente en una Plaza Mayor pletórica de gente aguardando las imágenes.

    En el descanso, como ya es habitual los Hermanos Mayores ofrecieron cena y bebida a los hermanos. Se repusieron fuerzas para afrontar la fría noche y de nuevo hubo que despedirse de familiares y amigos, aún quedaba la bajada. Nuevo redoble de tambor. La banda de Cornetas y tambores nos reclama. Banceros ... " al hombro"... venga, "nos vamos"

    Deshicimos el camino andado, pronto las tulipas volvieron a estar encendidas para dar calor y arropar a nuestra imagen que ahora ya caminaba sola entre las filas de nazarenos.

    Miserere. Sobria y silenciosa se quedó Cuenca al oir el canto de misericordia a nuestra talla. El alma en un puño al oírlo mirando el rostro del que está siendo traicionado. El reflejo de la gubia de Marco Pérez cobra vida aquí cada año. Pronto se alcanzó la puerta de San Juan, lugar en el que el frío se hace presente en toda su dimensión. Cuando el aire se mete hasta los huesos y las velas pierden su luz, momento en que sales del letargo para encarar las curvas de la Audiencia.

    Gran trabajo en este punto el de nuestros banceros, oyendo las bandas que resuenan en el espacio abierto, tomaron las curvas para llegar a Palafox, el último tramo adoquinado, el final de la Jerusalén conquense, el preludio del duro y llano asfalto de una Carretería que se prevé larga.

    Se giró nuevamente el Beso frente al Hospital de Santiago, por tantos enfermos que por ahí han pasado, por los que aún están y por los que dedican su vida y trabajo a cuidar de ellos. Parada obligatoria tras la que se reanuda el paso hacia la recta final.

    Horquillas

    El frío inmisericorde de la noche se deja notar cada vez con más fuerza. Mucho se oye decir que hacía tiempo no se recordaba una noche tan fría y aun así hay niños en la filas. Digno es de mención el que se les enseñe desde pequeños, pero sobre todo el que ellos quieran aprender.

    El reloj de Notario marcaba la 1:25 horas. Por segundo año consecutivo se dio un pequeño obsequio a todos aquellos que resistiendo al frío y al cansancio iban en el desfile, siempre mirando al Beso y con el pensamiento puesto en lo efímero de las cosas que han sucedido en la noche.

    Última curva, último tramo... Horquillas... un último momento al son de la notas lejanas prestadas que trae el viento. Ha llegado la hora. Esa hora en que todo se ha cumplido. Y como Jesús en el madero esperamos a que pasen ante nuestros ojos el resto de hermandades que tienen a bien acompañarnos en el desfile. Es el final; La madre sigue en su camino de amargura mientras nosotros regresamos al templo de origen. La hora se ha respetado...todo está cumplido. Los banceros al final descansan, los hermanos al fin se abrazan.

    Todo ha pasado como una mecha de pólvora que recién encendida ya se ha consumido. Colocados los bancos y con nuestras ramas de Olivo en mano se cierran las puertas de un San Esteban que aguardará paciente a que el Sábado de gloria volvamos a colocar la imagen en su sitio del templo parroquial.

    Y tras esto nos encaminamos a entrar en calor en hermandad ... y este año más que nunca lo hemos hecho. Un gasto repleto de túnicas blancas y familiares, en un ambiente fraternal que hacía mucho que no veíamos, señal de que vamos por el buen camino. Hermanos, banceros y amigos ... todos han sido uno en esta noche de silencio. Esperemos que el año que viene tengamos de nuevo una gran subasta y un gran desfile como el de este año. Y es que todo está escrito.